Cultiva mucho, selecciona poco

Cultiva mucho, selecciona poco

Existe mucha desinformación respecto al cannabis, y creo que esto se hace aún más evidente cuando hablamos de genéticas. Hay cientos de miles de “variedades” circulando, cada cruza nueva recibe un nombre y la industria suele reducir la calidad a variables fáciles de comunicar, pero irrelevantes, como el THC. Instagram, por su parte, privilegia la apariencia, distorsionando los criterios relevantes. Sabemos que el keeper no necesariamente es la planta más bonita de la sala.

No culpo a los cultivadores por estar confundidos. Las preguntas más habituales son bastante lógicas: “¿Cuál produce más?”, “¿Cuál es más rápida?”, “¿Cuál es la más potente?”. En el fondo, buscan maximizar su utilidad y tiempo. “More bang for the buck”, dirían los gringos. Cuando alguien me pregunta cuál le recomiendo, normalmente necesito saber qué es lo que busca, antes de responder. Si no tengo esa información, no existe una “mejor” genética. Si se trata de un principiante, probablemente recomendaría algo vigoroso y fácil de cultivar, pero eso es muy distinto de decir que una genética sea universalmente superior.

Algo parecido ocurre con la pregunta “¿cómo anda en exterior?”. Todas las plantas de cannabis pueden crecer en exterior; es su ambiente natural. Lo relevante es cómo se comporta una determinada genética en un determinado clima y bajo determinadas condiciones.

Tampoco quiero reírme de quienes hacen estas preguntas. Yo fui aficionado hasta 2017 y siento que recién durante los últimos años he podido consolidar buena parte de lo que he aprendido. Además, ¿cómo podría exigirle a alguien que elija entre pocas genéticas cuando nosotros mismos llegamos a tener un catálogo enorme? En algún momento tuvimos más de 40 feminizadas solamente en Pronoia; sumando Warrior Seeds, unas 70, y considerando todas las cruzas que han salido a granel, más de 100.

Paradójicamente, nuestro objetivo ahora es reducir considerablemente ese número.

Para llegar a una selección pequeña primero tuvimos que probar mucho. Después de cultivar varios clones elite ya tenía una vara bastante alta y una idea más clara del nivel que buscaba. A partir de ahí comenzó una etapa de exploración, más phenostumbling que phenohunting: probar muchas genéticas, buscar parentales, cruzarlos entre sí, cultivarlos y sacar conclusiones. Y aprendimos muchísimo.

Una de las primeras cosas que se vuelve evidente al hacer muchas cruzas es que no todos los parentales se combinan de la misma manera. Algunos rasgos tienen una enorme capacidad de imponerse en la descendencia. Una Haze puede seguir expresándose como Haze en numerosos cruces; ciertos fenotipos de Tangie también pueden dejar una marca muy difícil de eliminar. Lo mismo ocurre con determinadas expresiones de otras familias. Por eso, para diseñar un cruce no basta con saber que ambos parentales son buenos. Hay que entender cómo cruzan.

Esto también nos llevó a valorar más la conservación de ciertas identidades. Si queremos profundizar una Kush, probablemente tenga más sentido trabajar con otra Kush que cruzarla indiscriminadamente con algo muy alejado. Lo mismo con una Sativa, una línea de perfiles tipo postre (cremosos y dulces), una Tangie o determinadas expresiones de gas. Por supuesto, los cruces entre tipos muy distintos pueden producir resultados extraordinarios. Pero no necesariamente son la mejor estrategia cuando el objetivo es preservar una característica concreta.

Por eso estamos intentando mantener algunas líneas dentro de familias relativamente coherentes: Sativas con Sativas, Kush con Kush, postres con postres, Tangies con Tangies, etc. No como una regla absoluta, sino como una forma de preservar identidad y evitar diluir características que consideramos valiosas.

Otra cuestión que hemos ido replanteando es el concepto de “estabilización”. En cannabis se habla mucho de estabilizar una genética, pero muchas veces se utiliza el término simplemente para referirse a obtener descendencias homogéneas. La homogeneidad tiene valor para el cultivador, porque permite cierta previsibilidad, pero no es sinónimo de calidad.

De hecho, muchos de los clones elite que han definido la cultura cannábica son individuos excepcionales que surgieron de poblaciones con una considerable variabilidad genética. No necesariamente es posible convertir ese individuo extraordinario en una población donde todas las plantas sean idénticas a él. Hay ciertas características que pueden surgir únicamente a partir de las nuevas combinaciones genéticas que genera la recombinación durante la hibridación.

Quizás por eso la “estabilización” merece una mirada más amplia. No veo como un objetivo final el lograr estabilizar tanto la genética cannábica para que los ejemplares sean tan similares entre sí como los tomates. Al hacer inbreeding, aumenta la homocigosis, permitiendo fijar ciertos rasgos y haciendo la descendencia más predecible, sin embargo, esto es también muy útil para construir buenos parentales para crear híbridos. El objetivo entonces no debería ser simplemente que todas las plantas se parezcan, sino disponer de mejores parentales para poder producir mejores descendientes. 

Mientras una genética conserve una identidad clara, cierta variación entre individuos no es necesariamente negativa. El problema aparece cuando esa variabilidad es tan grande que la genética deja de ser reconocible. Es algo que vemos con frecuencia en cruzas construidas simplemente cruzando “ganadoras” con “ganadoras”: puede aparecer un fenotipo extraordinario entre una descendencia muy diversa, pero el resto puede tener poco que ver con lo que la genética promete.

Ese es uno de los caminos que estamos desarrollando en Pronoia. Hoy tenemos mucha más información que cuando comenzamos: años de pruebas de nuestras propias genéticas, feedback de cultivadores, numerosos clones seleccionados, experiencia con diferentes combinaciones y poblaciones regulares con las que podemos seguir trabajando.

Por eso, si bien siempre probamos cosas nuevas, nuestro próximo paso es reducir el catálogo. Queremos quedarnos con las genéticas que realmente nos representan, las que han demostrado algo especial y las que creemos que vale la pena seguir desarrollando.

Un catálogo más pequeño también permite comunicar mejor cada variedad y, sobre todo, facilita la elección del cultivador.

Al final, después de haber cultivado cientos de genéticas, nuestra conclusión es bastante simple:

Menos búsqueda. Más selección.

Menos nombres. Más identidad.

Menos variedades. Más trabajo detrás de cada una.